La danza es una de las más antiguas de las bellas artes. El instinto rítmico se percibió en el humano aún antes de reconocer el mundo exterior lingüísticamente.
Los pueblos originarios han incluido a la danza en todos los sucesos importantes de su vida, ofrendas, sacrificios, rituales, fiestas de casamiento, de circuncisión, los funerales, la caza, la guerra, la enfermedad, la siembra y la recolección. Incluso era respetada por la casta sacerdotal y respaldada por la los lazos que crea la transición generacional. Incluso la desnudez tenía entre los egipcios un sentido religioso.
En algunas antiguas civilizaciones se pensaba que la fertilidad humana estaba directamente relacionada con la tierra. A las mujeres, creadoras de vida, se les atribuía poderes mágicos. Las danzas que representan la caza, expresan los peligros o la falta de suerte a los que está expuesto el cazador, al igual que la danza de la madre expresa el afán materno por su hijo. Las danzas de la guerra y las rituales aparecieron tardíamente cuando el humano empezó a transitar por conflictos bélicos y a adorar a sus señores. En los bailes con espadas en un funeral o un matrimonio, se simboliza el dominio a través de las armas, con la finalidad de proteger al novio o al difunto de sus enemigos.
Como toda danza ritual, la danza del vientre representa algunos animales y los cuatro elementos de la naturaleza. La serpiente (animal sagrado en el Antiguo Egipto), el camello, el halcón, el chacal. La tierra se refleja en el contacto de los pies descalzos en el piso, el fuego en la vibración de la cadera, el agua en el pecho y el aire en los movimientos de brazos y manos.
Lamentablemente, con el triunfo del Islam, el judaísmo, el cristianismo, en resumen, con el auge del monoteísmo, la danza del vientre pasó de lo sagrado a lo vergonzoso, y se desvirtuó absolutamente la capacidad estética, expresiva y espiritual de las bailarinas.
Aclaremos que es conveniente hablar de danza del vientre y no de “árabe” u “oriental” por lo siguiente: el vientre figura el centro físico y espiritual de las personas, además, el término “árabe” es incorrecto porque en nuestra danza intervienen elementos que provienen de culturas distintas o anteriores a aquella, como la faraónica, la fenicia, la turca, la nubia o la beréber. Tampoco la llamaremos “oriental”, puesto que oriental es también la danza india, china o japonesa.
La danza del vientre puede ser considerada la danza clásica del mundo árabe, puesto que amalgama los estilos musicales y los movimientos de cada uno de sus pueblos; se diferencia de la occidental en que todos sus movimientos tienen un origen étnico definible y una historia, un porqué, proviene de hombres y mujeres de otros tiempos pero de la misma cultura, por lo que no se requiere una técnica muy estricta, sino que surge del sentimiento y no de la razón. Es una danza que se encuentra a medio camino entre el folclore y la creación individual, porque a pesar de que hay en ella una estructura básica definida, hay un componente clave de improvisación, arribando a un equilibrio entre la regla y la libertad, fomentando la creatividad de las bailarinas.
La danza en la era copta y en la era musulamna Se han hallado diversos tipos de danza representadas en los restos arqueológicos coptos, entre los más importantes encontramos varios tejidos de lana, datados en el primer siglo de la era cristiana. En ellos aparecen mujeres ejecutando un tipo de baile con un marcado estilo griego.
Más tarde, durante la era musulmana, la danza se tornó más estricta, evitándose la desnudez de los danzantes, era una danza menos “provocativa”. Después de este período se dificulta el seguimiento los estadios de la danza de oriente; se dejó de escribir acerca de ella, retornado a los libros recién para los siglos XIII y XIX, fundamentalmente en las descripciones de los extranjeros que viajaron a Egipto por aquellos años. Luego, nuestro arte siguió camino hacia su degradación, ya que incluso lo escrito durante el S XIX considera a la danza como algo vergonzante, de mal gusto.
Con respecto a las danzas coptas, existen pruebas fundadas en imágenes de templos y tumbas de que la danza del vientre aún se seguía bailando en el período estudiado, es decir, hay influencia de los bailes faraónicos en este lapso. Estas pruebas nos permiten considerar que se trataba de una danza sumamente rica, con aspectos contradictorios y complementarios, pues se oscila entre una incitación al libertinaje (la desnudez por ejemplo) y representaciones de ritos funerarios, incluyendo lloronas en dichas celebraciones. Se añade a lo anterior el alicante del rasgo mágico en ciertos retratos, con bailarinas convulsionándose y retorciéndose al son de los panderos, los adufes y los crótalos, para reencarnar en un nuevo cuerpo. Y por último, se percibe la presencia de equilibristas en diversas clases de fiestas. Por consiguiente, deducimos que es muy probable que estas manifestaciones se deban a la intención de respetar antiguos ritos religiosos que todavía permanecían vivos.
En el período musulmán encontramos bailes más sobrios, una serie de danzas tradicionales mixtas, con vestimentas poco exuberantes y movimientos delicados. Sin embargo, a su vez, existieron al mismo tiempo otras escuelas de danza que enseñaban una danza vacía, abocada a la mera excitación de los sentidos.
El 18 de febrero de 1836, nacía en una pequeña aldea al oeste de Calcuta, Gadadhar Chatterjee , más tarde conocido como Ramakrishna. Este hombre santo, considerado por sus seguidores como una Encarnación divina creció en la India colonial de finales de siglo. La pequeña aldea de Kamarpukur , su lugar de nacimiento, parece en esta época parada en el tiempo, ajena a los cambios de costumbres de las grandes ciudades.
La vida allí transcurre entre los quehaceres del campo y las prácticas religiosas. Es en esta atmósfera de devoción y vida rural sencilla que Ramakrishna pasa su niñez. De memoria prodigiosa, emplea más tiempo en aprender los versos de las Escrituras Sagradas y en memorizar las historias religiosas que escucha de los sadhus errantes, que el que dedica a los aburridos estudios convencionales. Tras distintos episodios de carácter familiar que ocurren en su vida, Gadadhar se convierte en sacerdote del templo de la diosa Kali en Dakshineswar, mandado construir por la rica y piadosa Rani Rasmani. Es en este lugar de peregrinación que Thakur va a tener la visión directa de la Divina Madre y donde tras años de arduas disciplinas espirituales llegará a realizar a Dios a través de diferentes caminos, tanto del hinduismo como del cristianismo o del islam. Sri Ramakrishna se sumergió también en las disciplinas del advaita vedanta, realizando al Absoluto sin forma. Grandes maestros como la Bhairavi o Tota Puri dirigieron durante años estas duras disciplinas que Sri Ramakrishna superaba haciendo que estos guías se convirtieran en sus discípulos. Un ser de espíritu puro sigue los pasos del Maestro, Sri Sarada Devi. Venerada como la Santa Madre, comparte la lila del Maestro durante su vida en la más absoluta discreción y entrega a su servicio. La santidad de esta mujer, que en boca de muchos es la representación del eterno femenino, servirá como inspiración y refugio a millares de personas.
Centenares de hombres y mujeres se acercaron a Dakshineswar en busca de la sabiduría y el refugio del Maestro. Fue a finales de los setenta que Keshab Chandra Sen, líder del conocido movimiento espiritual Brahmo Samaj, escribe un artículo sobre Ramakrishna en la prensa local y lo vuelve conocido en toda Calcuta. A partir de entonces la atracción por el santo crece incesantemente. Personas de todas las clases sociales y niveles de cultura se acercan a él atraídos por su espiritualidad viva. Sri Ramakrishna tiene contacto con las más eminentes personalidades bengalíes de la época, como Devendranath Tagore, Bhankim Chandra Chatterjee o el pandit Vidyasagar entre otros. Es también por entonces que un grupo de jóvenes con la llama espiritual incandescente llegan hasta él. Narendra, futuro Swami Vivekananda, es uno de estos fenómenos espirituales que más tarde propagará el Vedanta en Occidente. El profesor Mahendranath Gupta es testigo de las experiencias y palabras del Maestro en Daksineshwar y las transcribirá años más tarde en esa joya de la literatura bengalí que es el Kathamritam, las palabras de néctar.
Ramakrishna aquejado por una dolorosa enfermedad, de la que nunca quiso escapar, fue trasladado el último año de su vida a Cossipore, donde ocupó una casa un poco más adecuada para sus cuidados. Será en el jardín de esta casa donde, el primero de enero del 1886, el Maestro concedió la visión espiritual a todos los que allí se encontraban. Sri Ramakrishna deja su cuerpo el 16 de agosto de 1886 tras una vida de intensa y espontánea renunciación, dejándonos una herencia de espiritualidad y una presencia viva. El mensaje de Sri Ramakrishna es de una sorprendente actualidad y se basa en el respeto por las creencias ajenas, proclamando que todos los caminos conducen a Dios y que el propósito de la vida humana no es otro que el de realizar la Verdad Última.
Es una vía espiritual milenaria, genuinamente china, que sobrevivió con vitalidad hasta hoy, y una de las más puras expresiones de la sabiduría oriental. De las formas tradicionales de Oriente, es la que conserva mayor pureza y frescor. Ejerció su influjo en la política, en la cultura y la mente china, junto a su no menor influjo en la lírica, la pintura, la caligrafía y hasta en el desarrollo de la jardinería.
Sus orígenes
Lao-Tse pudo bien haber sido su recopilador, pero sus raíces se pierden muchos siglos antes. El taoísmo filosófico y religioso
El taoísmo filosófico es el núcleo iniciático de la tradición del Tao; en ella está contenida el elemento formal. Taoísmo, Confusionismo y Budismo son las tres principales tradiciones espirituales de la China; con el tiempo encontraron una perfecta armonización, cual si fueran tres versiones de una misma verdad.
Es un modo de ser y de actuar, de ver la realidad y estar en el mundo; es el camino de la Sabiduría con el fin de lograr el conocimiento supremo, no mental. El camino del Tao debe ser comprendido como un puro camino de realización, no por medio de la razón ni de las especulaciones.
El hombre auténtico
Es la figura del sabio inserto armónicamente en el orden universal, entre el ying y el yang, que es la unión cósmica masculina y femenina del cielo y de la tierra. No propone un código ético; considera contraproducente cualquier sistema de normas morales y rígidas, porque asfixia la espontaneidad. Insiste en el escaso valor del concepto de las palabras, la teoría o erudición: "por esto mismo, el Sabio enseña sin hablar". No le corresponde dar recomendaciones morales; su enseñanza se expresa a través de su ser íntegro con su modo de actuar, su mirada, su gesto, la postura de su cuerpo, su respiración, su rostro y su sonrisa.
Naturalidad y sencillez
Su primera virtud es ser natural, lo que significa desprecio de toda complicación, artificio, falsificación o deformación de la vida; tiende a liberarse de los barnices superficiales, que a menudo impone la vida social; cultiva lo auténtico; no reprime los instintos naturales, más bien los depura y encauza convenientemente; procura ajustar su existencia al ritmo natural, sin racionalización alguna o control excesivo. Mientras el cristiano se siente indigno ante la Majestad de su Dios, el taoísta no se singulariza ni desea destacarse del Todo.
Su ética
La ética del Tao significa blandura, flexibilidad; rechaza la dureza o la rigidez. Sabe adaptarse a los hechos. No presta ninguna resistencia violenta. Blando significa ceder, doblegarse como el bambú, con el fin de recuperar la posición inicial sin romperse. Es tener la mente abierta, liberada de la inercia vital o cerrazón mental; sabe escuchar, no se obsesiona, vive con lucidez y con el ánimo relajado. Es en la virtud del agua donde ve el modo de lo que desea imitar; se adapta a cualquier superficie, busca los bajos fondos y su fuerza consiste en su debilidad, en su tremenda flexibilidad y blandura.
Su humildad
Ser humilde es para el Tao hacerse pequeño, reducirse sin pretensiones; la perfección consiste en empequeñecerse y no acrecentarse. El Tao prefiere lo ínfimo, lo minúsculo, porque sabe que la felicidad nace en lo pequeño y le ayuda a avanzar en el camino de su propia elevación espiritual.La no-acción es actuar con impersonalidad, sin ningún tipo de actitud egocéntrica, ya que se debe liberar del ego, pues la mente egoísta es la raíz de cada mal.
Armonía y naturaleza
El ideal de perfección consiste en armonizar la vida al ritmo cósmico, fundiéndose con la naturaleza y en marcha hacia la unidad. Aceptar con agrado todos los cambios, inclusive la muerte.Cuando el hombre se libera de la tiranía de las pasiones, se abre al impulso cósmico; hasta lo más ínfimo de la realidad cobra un inmenso valor. Jamás confunde el mando tirano, el despotismo y el ejercicio arbitrario del poder. Jamás se le ocurrió que las 10.000 cosas le están sometidas, que puede usar y abusar de ellas. Sabe que el hombre sólo puede ocupar dignamente su rango de rey universal o emperador del orbe, si actúa de modo cauteloso con la creación; su misión es estar a disposición de sus súbditos para su propio bien.
El poder mágico del sabio
El Sabio del Tao es bondadoso; rebosa amor, delicadeza, compasión y simpatía, que se proyecta a la totalidad de los seres. Es un amor imparcial hacia todas las criaturas.
El mensaje para tiempos difíciles El Tao no es una mera utopía ni alcanzó su caducidad en la mente contemporánea. Aunque es un modo espiritual específicamente chino, existe en él un mensaje válido para los individuos de cualquier latitud, sin perder su vigencia en el tiempo, por haberse convertido en una tradición universal y una Verdad única. Nos enseña a conocernos mejor y nos recuerda que el ser humano no es un simple átomo aislado y desvinculado, sino un minúsculo ser que se inserta en un Tao mayor, al cual ha de servir y por cuya armonía debe velar.Endiosar al hombre nos conduce al desorden actual, a este aberrado modo de ser civilizado, ya que violenta el cosmos a fin de satisfacer sus irrefrenables deseos de pasión y de poder. En un siglo, en que la felicidad se confunde con los placeres ególatras, con el puro bienestar hedonista y la gran posesión de bienes materiales, el Tao nos recuerda que la dicha consiste en la evolución de la riqueza interior y en la realización de su esencia espiritual. Frente a la tendencia de la actividad que domina por doquier, de la manía de reclamar derechos y la obsesión de bienes que tiranizan al hombre, el Sabio enseña que en la vida sana y armónica el "ser" prima sobre el "tener y el hacer", que para él los deberes priman sobre los derechos, comenzando por el deber de respeto al orden cósmico. Y en este universo sumido en la angustia y la ansiedad, atenazado por los miedos, el pesimismo y la desconfianza, el Tao nos devuelve la fe en el orden universal y nos anima a la gran aventura espiritual para que la existencia sea digna de ser transitada. La sonrisa del sabio nos reconforta y junto a ella recuperamos la visión cósmica. Enfrentados a todas las tendencias occidentales en derrumbe, el Tao propone como alternativa una profunda descentralización social y personal a fin de otorgar un mayor margen posible a la autonomía, la espontaneidad y la libre iniciativa, ya que sólo viviendo el individuo en forma relajada pueda hacerlo en armonía consigo mismo, con los demás y con la misma naturaleza. Nos ayuda también a recuperar la visión de la perdida unión, pues la fragmentación es el punto crucial de esta sociedad moderna y desquiciada y un signo capital de su crisis. Los días se hallan desgarrados por miles de tensiones y conflictos y la doctrina del Tao nos devuelve su visión integradora y nos señala una vez más el modo de lograrlo.Hoy -como ayer- el Tao se yergue imperturbable, majestuoso, con el fin de guiarnos hacia el equilibrio interior. Sus principios siguen siendo vigentes y cual un profundo eco de la conciencia universal nos invita con su voz silenciosa a gozar de un mensaje de esperanza. Es un camino que nace de la Verdad y a la Verdad nos conduce, permaneciendo a la espera de aquellos seres audaces que estén dispuestos a recorrerlo con ánimo de aventura y perseverancia.
Krishna, el gran Mensajero Divino de la India, nació en Matura (India) hace 3000 años aproximadamente según varios autores. El es profundamente reverenciado por millones de hindúes como un gran Salvador. Es uno de los principales fundadores del Hinduismo, la cual es una de las más antiguas religiones del mundo.
Existen leyendas sobre la vida de Krishna que demuestran un paralelo extraordinario con la vida de Cristo. Según estas leyendas, Krishna nació de una madre virgen y su nacimiento fue anunciado por la aparición de un nuevo astro. Gobernaba en aquella época un tirano. Se pronosticó que Krishna anularía su poder opresivo, por lo tanto, el tirano decidió matarle. Su madre, temerosa de esta amenaza, huyó con él durante la noche y se refugiaron al otro lado del río Huma. Les enseño la conducta correcta y altas normas de virtud y justicia. Era santo y sabio y le caracterizaba tanta humildad, que lavaba los pies de sus amigos. Realizó muchos milagros, logró desarrollar la espiritualidad en numerosos seguidores, les transformó con su poder celestial, la belleza de su Espíritu y majestad divina. Krishna estableció una gran reforma en su país, por lo cual surgió la oposición contra Él y murió crucificado en la base de un árbol y su cuerpo atravesado por una flecha. El libro más antiguo del Hinduismo se titula "Rig-Veda", que, en sánscrito, significa: Conocimiento Sagrado. Krishna enseño que la verdadera religion es una sinfonía espiritual, cuya nota principal es el amor de Dios y las demás notas son: el perdón, la paciencia, la veracidad, la meditación, la justicia, la misericordia... pero siempre recalcó que el gran motivo primordial y espiritual de la Divina Sinfonía es el amor de Dios, el poder motriz que controla todo el universo y que constituye la ley de atracción que da vida al mundo material. Este mismo Amor Divino es la ley fundamental de todas las religiones, el que da vida eterna a las almas y moldea en una sola unidad los corazones y mentes de los seres humanos. La Regla de Oro de la Religión Hindú es: "La verdadera ley es respetar y obrar con las cosas de los otros de la misma manera como se obra con las propias". Krishna dijo en la Bhagavad-Gita: "Has de saber que cuando la virtud y la justicia decaen en el mundo y se entronizan el vicio y la injusticia, entonces Yo, el Señor, Me manifiesto como un hombre entre los hombres y, mediante mi influencia y enseñanzas, destruyo el mal y la injusticia para sustituirlas con la virtud y la justicia. He aparecido muchas veces y aún apareceré muchas más." "Cuando la religión se debilita y la irreligión prevalece, habrá un avatar".
Después de la segunda guerra mundial, en 1949 es proclamada la República Popular China y dos años después se firma un acuerdo entre el Gobierno Popular Central de la República Popular China y el gobierno local tibetano en Beijing sobre la liberación pacífica del Tibet. Con este acuerdo la nación tibetana consiguió liberarse de parte de la opresión que China ejercía sobre los habitantes de este país tan rico en arraigadas costumbres como en sabiduría. El Tibet es desde hace siglos una región pacífica en la que se han ido mezclando la mentalidad tradicional de sus habitantes y los adelantos occidentales, destinados a mejorar la calidad de vida de los tibetanos. Hoy en día es un país con una gran tradición tanto cultural como filosófica, en el que prima la filosofía o religión budista en la gran mayoría de sus habitantes.
Filosofía budista en el Tibet
Esta religión originaria de la India, fue fundada por Sidarta Gotama en el siglo V antes de Cristo y se inició su difusión en el Tíbet alrededor del siglo V d.C. Cuando se creó la escritura alrededor del siglo VI, se tradujo y se divulgó ampliamente comenzando a formar parte de la forma de vida de los tibetanos. A grandes rasgos se puede definir el Budismo (o Lamaísmo) como un pensamiento y una práctica de vida en la que los seres humanos somos el único tipo de ser consciente que por sus virtudes y debilidades puede luchar y llegar a alcanzar la iluminación, y que por ello tenemos el deber de proteger a todos los seres que componen el universo volviéndose contra nosotros cualquier mal o daño que hagamos al prójimo. Estas creencias están profundamente arraigadas en los tibetanos,que viven el día a día pendientes de los augurios de los budas vivientes (los Dalai Lamas) y de las predicciones de los astrólogos budistas, a los que piden consejo cada vez que deben tomar decisiones importantes, como por ejemplo al elegir el nombre de un niño recién nacido. Son muchos los ritos y las costumbres tibetanas y además muy variados, ya que dentro del mismo Tíbet hay diferentes ramas del budismo que comparten ciertas creencias como por ejemplo la teoría de la ley del Karma, que básicamente se refiere a que el universo no necesita de un dios que lo mantenga en marcha sino que se rige por su propia ley, inmanente al mundo. Estas tendencias difieren en su concepción del final terrenal, para unas es el Nirvana y para otras la reencarnación y también en otras creencias que hacen que cada escuela budista tenga sus propios ritos.
Costumbres de la cultura tibetana
Dejando aparte el hecho de que haya diferentes tendencias con sus correspondientes ritos, hay cierto tipo de costumbres que son más o menos comunes a la nacionalidad tibetana.
El nacimiento y la muerte
Los ritos de nacimiento y muerte no se asemejan en absoluto a lo que estamos acostumbrados la mayoría de occidentales. Cuando se produce un nacimiento se lleva a cabo la “pangsai” o purificación en la que se le ofrece a la madre como regalo las hada (cintas de seda blanca), además de vino y té. Los visitantes le desean buenos augurios y felicitaciones al recién nacido y elogian su buena suerte y sus órganos de los cinco sentidos. Todo esto lo hacen por la creencia de que el recién nacido sale del vientre de la madre con muchas impurezas y desgracias. Los tibetanos creen que cuando muere una persona el cuerpo y el alma no se marchan juntos por lo que suelen realizar el sepelio del cuerpo de una manera bastante peculiar. Consiste en portar el cadáver del difunto hasta el cementerio donde se coloca sobre una zona llana y se encienden a su alrededor ramas de pino y ciprés regadas con incienso de zanba o tsampa (cebada de altiplanicie ,qingke, secada al sol, tostada y molida) lo que produce un humo denso que atrae a los buitres “sagrados”. El encargado del sepelio descuartiza el cadáver siguiendo unos pasos determinados y pulveriza los huesos, que mezclados con zanba se les sirve a los buitres. Por último se les da el resto de la carne. De esta manera el cadáver es completamente despachado. Esta curiosa forma de “enterrar “ a los difuntos se denomina sepelio a cielo abierto. Los familiares no regresan a la vivienda hasta después de dos días para no llevar de nuevo el alma del difunto a la casa. Acostumbran también a realizar el sepelio en agua, muy difundido por el budismo. Arrojan el cadáver al río para que sirva de alimento a los peces, a los que consideran divinidades, por lo que los fieles nunca comen los peces.
Las mujeres y el matrimonio
Antes de 1951, cuando el Tíbet era controlado por un gobierno tiránico, las mujeres tibetanas no eran consideradas en la sociedad ni en la familia, hasta el punto de incluso echarles la culpa a ellas y castigarlas si eran violadas. Se decía que eran mitad persona y mitad demonio ( de ahí que aún se conserve la creencia de que el bebé sale del vientre materno con impurezas y desgracias). Gracias a la reforma democrática de 1959 se dejaron de llevar a cabo tales vejaciones, incluidos el matrimonio grupal (en el que si moría el marido los hermanos de éste tenían derecho sobre la mujer) o la costumbre de la poligamia. Actualmente las mujeres son mucho más valoradas, lo que demuestran refranes como “ El poder está en manos del padre pero el saco de zanba está dominado por la madre”. En los ritos de propuesta de matrimonio, las familias de ambos cónyuges consultan con los astrólogos lo que revelan sus horóscopos y hecho esto, el pretendiente ofrece las hada a los familiares de la novia lo cual es ya una propuesta formal de matrimonio. Después, el representante de cada familia hace un escrito que suele ser poético en el que se describe la futura vida del matrimonio, así como lo que nosotros llamaríamos los votos matrimoniales y esto constituye el certificado de matrimonio. Se escoge un día para la firma de esponsales (que aún no es el casamiento), las respectivas familias se hacen regalos unos a otros, se hacen regalos a los huéspedes, y éstos corresponden con más regalos añadiendo un delantal (son simbólicos para las mujeres tibetanas), por los gastos de la fiesta. Los padres de la novia suelen pagar los esponsales. Los testigos ponen el sello familiar a los certificados y los entregan a los familiares de los novios, éstos no están presentes en la ceremonia. El día de la boda la novia acude a su casa montada en una yegua preñada, el color del animal debe concordar con el de la rama zodiacal de la novia. Al llegar a su casa se suceden una serie de rituales destinados a encomendar la buena suerte de la pareja y simbolizar que el alma del novio se encomienda a la mujer. Después se dirige a la casa del novio, adornada por los familiares de éste y se baja en una colchoneta especialmente preparada. Desde que la novia entra en la casa y hasta que llega a la sala indicada se van cantando odas y se ofrecen hadas. Una vez allí se hacen ofrendas de vino y hadas a Buda y a los padres de los novios y los novios se retiran a la cámara nupcial mientras se prosigue con el festejo.
El ofrecimiento de hada
Ofrecer estas piezas de tela es uno de los ritos más comunes en le Tíbet. La costumbre se mantiene para toda clase de fiestas y visitas a casas ajenas y también para ofrecerlas a los ancianos venerables y los sabios, además de como signo de adoración a Buda. Ofrecerlas significa mostrar la pureza, sinceridad y honorabilidad, atribuyendo los tibetanos una determinada cualidad para cada color de estas cintas.
EL vino de qingke , el té, y la mantequilla
El vino de qingke es un líquido lechoso de sabor ligeramente agridulce con un bajo contenido alcohólico que toman los tibetanos sin excepción de edad ni sexo. Es el vino que se ofrece a los huéspedes y que también se ofrece a los protagonistas de cualquier fiesta o acontecimiento como regalo. El té es una bebida cotidiana y habitualmente lo toman con mantequilla de cabra o de oveja. La mantequilla es imprescindible en cualquier vivienda tibetana y nunca falta en los mercados ni en las despensas. En las zonas agrícolas los ganaderos obtienen la mayoría de las calorías de la mantequilla además de la carne. Beber el te es mas que una costumbre para los tibetanos, es casi un rito, pues siempre siguen una serie de reglas : no se lo acaban de golpe y si no se quiere más no se puede dejar el vaso medio lleno, el anfitrión lo llena de nuevo y se deja tal cual. Sin embargo, para que se considere que un huésped se ha adaptado a las costumbres y formalidades, se debe acabar el té de un trago en el momento de la despedida.
Tsampa
Es el alimento principal de los tibetanos. Está hecho de qingke secado al sol, tostado y molido. Se come añadiendo un poco de esta harina con té con mantequilla en un tazón y amasando la mezcla con los dedos. Se puede dorar al fuego haciendo una pequeña bola o mezclándola con carne y vegetales en forma de sopa. Tiene un valor nutritivo muy alto y cuando están fuera de casa es lo que suelen comer. Los monjes tibetanos, prácticamente es lo único que comen, junto con el té, y le atribuyen unas supuestas propiedades de inhibición de los impulsos sexuales, por lo que se dice que los monjes nunca tienen tentaciones de este tipo, aunque pasan por alto que al resto de la nación no le hagan efecto estas supuestas propiedades de la zanba.
Algunas celebraciones y festividades
Los tibetanos celebran cada mes al menos una fiesta y a veces dos, siendo la mayoría de ellas fiestas religiosas. La más importante de las fiestas es la del año nuevo que celebran durante todo el día 29 de diciembre y parte de la noche, con los correspondientes ritos de comidas y vestidos, limpieza general de la casa, decoración, etc. Se reúnen los familiares y después de cenar se ofrecen alimentos ante el altar de Buda. En alguna de estas costumbres se parecen a los españoles, como por ejemplo, la sopa de harina que cenan esa noche, que contiene unas bolitas con piedrecitas, ají, carbonato, lana, etc. Al que le toca cualquiera de estas cosas además de sacársela inmediatamente de la boca le declaran lo que significa lo que le ha tocado, la piedrecita significa corazón duro, la lana bondad,etc. Podríamos compararlo con nuestro roscón de Reyes... En el sexto mes del calendario tibetano que corresponde a agosto del calendario solar, se celebra la fiesta Xoidün, una fiesta tradicional del verano que se celebra en el Norbu Lingka, el palacio de verano del Dalai Lama que se encuentra en Lhasa, la capital del Tíbet. Se permite la entrada de todos los tibetanos que quieran acudir a los espectáculos de animación que ofrecen los grupos de la ópera tibetana y los grupos artísticos. Además de ésta, los habitantes del Tíbet celebran otra fiesta al inicio del verano que no es una fiesta como tal sino una costumbre que ha permanecido a lo largo de los años. La gente sale a pasear por los jardines poblados de árboles y se celebran carreras de caballos o burros y competiciones de tiro al arco. La fiesta rogativa por la buena cosecha es la fiesta más celebrada en el campo después de la fiesta de año nuevo. Se hace a finales del séptimo mes del calendario tibetano. Antes de empezar la recolección se representan óperas tibetanas, se confeccionan ropas nuevas y se visita a los familiares. Este es un período de vacaciones hasta para el más trabajador de los tibetanos.
La devoción
El budismo está arraigado profundamente en la vida de cada hogar, a donde quiera que vaya el visitante de este país comprobará cómo los libros históricos, las pinturas, los grabados y la arquitectura además de los cantos populares y las óperas, describen en su mayoría el nacimiento y las reencarnaciones de Buda y cómo todos los adornos de los templos y de las casas contienen un significado religioso profundo. Los tibetanos creen a Buda con gran devoción y aún se puede ver a gente en las calles haciendo girar la rueda de la oración o postrándose y recitando los versos de los sutras, que son los escritos del budismo. Todavía hay tibetanos que recorren el camino de peregrinación desde la ciudad de Lhasa hasta el templo Jokhang, el monasterio Sera, o el Palacio Potala,( residencia del Dalai Lama en invierno) postrados y recitando los sutras. Los monjes tibetanos viven exclusivamente en los monasterios, donde tienen todo lo que necesitan para subsistir, desde cultivos hasta ganado, cocinas, talleres, etc. Algunos monasterios más parecen auténticas ciudades, pues pueden llegar a vivir en ellos hasta 10.000 monjes. Antiguamente vivían bajo una férrea disciplina, al cumplir los ocho años se enviaba a los niños a hacerse monjes para aprender no sólo las escrituras y los conocimientos de Buda sino también sobre agricultura, geografía, historia y plantas medicinales. Al llegar a cierto grado de conocimiento se convertían en Lamas o maestros o dejaban el monasterio para fundar una familia. La mayoría de los monjes actualmente se dedican al cuidado y mantenimiento de los palacios y monasterios, además de asistir a los oficios religiosos. Existe una jerarquía en la que hay diferentes grados de monjes y Lamas, el Dalai Lama es para ellos la reencarnación del primer Buda (Sidarta Gotama). La sucesión del Dalai Lama es un proceso en el cual intervienen un conjunto de sabios y astrólogos para decidir quién es la persona en la cual se reencarna Buda una vez que deja el cuerpo físico, es decir, cuando muere el Dalai Lama.
Una sociedad respetuosa
Como conclusión, podríamos definir a la nacionalidad tibetana como una sociedad apacible, en la que el respeto por los demás y por la naturaleza que les rodea han hecho de ellos un pueblo diferente, gustoso de ofrecer lo que tienen y lo que saben para ayudar a mejorar a los seres humanos. Se basan en una filosofía que contradice al resto de la mayoría de religiones y pensamientos occidentales y que sin embargo alberga una aparente similitud con las disciplinas científicas de nuestro tiempo al tomar al ser humano y la naturaleza (incluyendo el universo) como productores y protectores de todo y de todos. Su filosofía no excluye ni castiga, sólo integra lo que se amolda a su pensamiento o deja de lado lo que no sin dañar a nadie, lo que la diferencia en gran medida de algunas de las sociedades que se suponen las más avanzadas de este siglo, sociedades que cometen atrocidades en nombre de la justicia y del bienestar de los seres humanos que las integramos.
Paramhansa Yogananda nació el 5 de Enero de 1893 en Gorakhpur, Uttar Pradesh. India. Fue el primer maestro de Yoga de la India que estableció su residencia permanente en occidente. Yogananda llegó a América en 1920 y viajó por todo el país, en lo que llamo “sus campañas espirituales.” Llenó los auditorios más grandes de América con audiencias de entusiastas. Cientos de miles de personas fueron a ver al yogui de la India. Yogananda siguió dando conferencias y escribiendo hasta dejar su cuerpo el 7 de Marzo de 1952. El primer impacto que Yogananda produjo fue realmente impresionante, pero el impacto permanente que ha dejado es aun mucho más impresionante. El libro de Yogananda “Autobiografía de un Yogui” fue publicado en 1946 por primera vez (pronto podrás leer en esta pagina la primera edición en su versión original e integra, tal y como Yogananda la escribió.) Este libro ayudó a lanzar una revolución espiritual en todo el mundo. Su meta era ayudar a todos los buscadores sinceros de la Verdad, de cualquier creencia religiosa, a experimentar personalmente la comunión directa con Dios a través de la técnica de Kriya Yoga. Las enseñanzas de Yogananda son universales y ofrecen soluciones prácticas a los retos de la vida moderna. El gurú de Yogananda, Swami Sri Yukteswar lo envió a occidente con las palabras: “Occidente conoce muy bien como obtener cosas materiales, pero carece del entendimiento espiritual. Es la voluntad de Dios que tu juegues el papel de enseñar a la humanidad el equilibrio entre el mundo material y el mundo interior de la vida espiritual.”
El camino de la autorrealización
Yogananda enseño que “La autorrealización es el conocimiento en todas las partes de cuerpo, mente y alma de que tu ahora mismo estas en posesión del reino de Dios. Que tu no tienes que rezar para que venga a ti, que la omnipresencia de Dios es tu omnipresencia y que todo lo que tienes que hacer es mejorar tu memoria.” El sendero de Kriya Yoga, que Yogananda denominó la ruta aérea hacia Dios, consiste en técnicas de yoga ancestrales que aceleran la evolución del estudiante.
Ananda realiza la visión de Yogananda
Swami Kriyananda, discípulo directo de Yogananda, fundó Ananda Village a las afueras de Nevada City, California en 1968 para realizar la visión de Yogananda de “Las colonias mundiales de la hermandad,” (como las llamó Yogananda), también conocidas como “comunidades cooperativas espirituales.” Yogananda tuvo la visión de un lugar donde todo tipo de gente, no solamente monjes, pudieran llevar una vida donde se pusieran en práctica las enseñanzas de yoga y se mantuviera el equilibrio entre la vida espiritual y la vida cotidiana. Ananda Village cuenta con unos 300 miembros entre niños y adultos. Ananda en el mundo incluye: colonias en cuatro ciudades americanas y un centro de encuentros rural en la costa este de América, en Asís, Italia y últimamente en Delhi, India. Todos los residentes practican las enseñanzas de Yogananda de meditación y llevan sus principios a todos los aspectos de la vida: negocios, colegios, relaciones humanas, curación etc. El centro de encuentros y retiros de Ananda Village, El Expanding Light, lleva impartiendo estos principios desde más de 35 años.
(Muhammad, Mohammed o Mahomet) Profeta árabe, fundador de la religión musulmana (La Meca, h. 575 - Medina, 632). La biografía de Mahoma, de la que se conocen muy pocos datos seguros, nos ha llegado envuelta en la leyenda. Su nombre primitivo fue probablemente Ahmad; nació en una familia pobre de la noble tribu de Quraish (acontecimiento que los musulmanes celebran con la fiesta del Mawlud). A los seis años quedó huérfano y fue recogido por su tío Abú Talib, al que acompañó en sus viajes de comercio. A los veinticinco años Mahoma se casó con la rica viuda Jadicha, de quien era criado; Jadicha le dio una hija -Fátima-, además de una posición social más desahogada como un comerciante respetado en la ciudad. Conoció -si bien superficialmente- las dos grandes religiones monoteístas de su época a través de las pequeñas comunidades cristiana y judía que habitaban en La Meca y quizá también por sus viajes de negocios. Con tan escasa cultura -pues probablemente era analfabeto- se permitió crear una religión que serviría de base para toda una cultura de difusión universal.
A los cuarenta años Mahoma comenzó a retirarse al desierto y a permanecer días enteros en una cueva del monte Hira, en donde creyó recibir la revelación de Dios -Alá-, que le hablaba a través del arcángel Gabriel y le comunicaba el secreto de la verdadera fe. Animado por Jadicha, comenzó a predicar en su ciudad natal, presentándose como continuador de los grandes profetas monoteístas anteriores, Abraham, Moisés y Jesucristo. Por entonces Mahoma se limitaba a predicar la vuelta a la religión de Abraham.
Mahoma consiguió sus primeros adeptos entre las masas urbanas más pobres, al tiempo que se enemistaba con los ricos. Cuando sus seguidores se hicieron numerosos, las autoridades empezaron a verle como una amenaza contra el orden establecido; se le acusó de impostor y comenzaron las persecuciones. Una parte de sus seguidores huyeron a Abisinia, en donde recibieron la protección del negus cristiano. Pero las amenazas a la seguridad de Mahoma llegaron hasta tal punto que, después de la muerte de Jadicha y de Abú Talib en el 619, decidió huir a Medina el 16 de julio del año 622. Se considera el momento de esa huida -la Hégira- como fecha fundacional de la era islámica.
En Medina, Mahoma tomó contacto con la comunidad judía, que le rechazó por su errónea interpretación de las Escrituras; comprendió entonces que su predicación no conducía a la religión de Abraham, sino que constituía una nueva fe: de entonces data el cambio de la orientación de la oración, de Jerusalén a La Meca. Combinando la persuasión con la fuerza, Mahoma se fue rodeando de seguidores, que empezaron a practicar las razias contra caravanas y poblaciones del entorno como medio de vida. Estas escaramuzas (Badr, Uhud…), elevadas a la categoría de batallas por la historia oficial, fueron descubriendo a los musulmanes la «guerra santa», el uso de la fuerza para someter y convertir a los infieles.
En Medina, Mahoma se convirtió en un caudillo no sólo religioso, sino también político y militar. Los enfrentamientos entre Medina y La Meca culminaron con la conquista de esta última ciudad por los mahometanos en el 630, fruto de la presión militar, de la negociación política y de convenientes enlaces matrimoniales (Mahoma se casó hasta con doce mujeres, nueve de ellas al mismo tiempo). El santuario de la Kaaba, piedra negra venerada en La Meca, fue inmediatamente consagrado a Alá. Poco antes de morir, Mahoma realizó una peregrinación de Medina a La Meca, que ha servido de modelo para este rito que todo musulmán debe realizar una vez en su vida.
Mahoma fue personalmente el creador de la teología islámica, que quedó reflejada en el Corán, único libro sagrado de los musulmanes; es una colección de sentencias que se suponen inspiradas por Alá y que fueron recogidas en vida del profeta y recopiladas hacia el 650.
En los dos últimos años de la vida de Mahoma el Islam se extendió al resto de Arabia, unificando a las diversas tribus paganas que habitaban aquel territorio. Eran un conjunto de tribus semíticas politeístas, cuyo continuo estado de guerra entre clanes les había impedido hasta entonces tener protagonismo alguno en la historia. A pesar de haber nacido en una región atrasada y marginal del planeta, y de proceder él mismo de un ambiente modesto, Mahoma convirtió a las belicosas tribus árabes en un pueblo unido y las embarcó en una expansión sin precedentes. Al morir Mahoma sin heredero varón, estallaron las disputas por la sucesión, que recayó en el yerno del profeta, Abú Bakr, convertido así en el primer califa o sucesor.
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